jueves, 12 de abril de 2012

Evan (XIII)

- CAPITULO 13 -

EVAN

Exhausto, partículas de sol incrustadas como cuchillas en mi piel, abrasando más mi alma que mi cuerpo. Maldita obligada espera que me postra impotente en mi desolado refugio, contando los minutos de una tarde exasperante. Miro al cielo suplicante como si pudiera arañarle segundos a un crepúsculo que hoy parece que nunca llega.

Miro a Mike con la mirada fija en el ordenador, asimilando cada documento vampírico, leído por enésima vez, descifrando y memorizando cada palabra, cada sentencia, cada característica por muy ínfima que parezca, que pueda ayudarnos en lo que parece ser la mayor batalla a la que nos hayamos enfrentado.

Todo cuanto él pueda leer, lo conozco desgraciadamente de primera mano, todo cuanto podemos saber que pueda servirnos, ya lo conocemos.

Siento la energía de Jane envolviéndome, está viva, lo sé, y asustada, tan aterrada y confusa. La percibo tal cual estuviera a mi lado, tan real.
Cierro los ojos y me concentro en esa sensación transmitiéndole toda la calma y el amor de que soy capaz. Sé que lo recibirá, estoy seguro que puede sentirlo. Mis habilidades telepáticas no están muy desarrolladas pero ante la férrea conexión con esa mujer, no hay barrera que no pueda traspasar. Se está tranquilizando, mengua el hormigueo en mi cuerpo que es su miedo, no ceso de hablarle, mis palabras la acunan cual abrazo, hasta que su inquietud cesa casi por completo.

Me incorporo impaciente y el sutil cuero del sofá protesta distrayendo a Mike que me mira serio arqueando las cejas. Se recuesta en el respaldo de la silla de escritorio, exhalando profundamente tras una calada de su pitillo.

Mira la persiana entreabierta de la ventana, la luz del día comienza a menguar.

-Es la hora, larguémonos- Digo levantándome de un salto al tiempo que armo mi chupa.

- Aún es de día- Me advierte Mike.

-No importa- Sentencio decidido, mientras me planto mis gafas de sol.

Conduzco en silencio mientras en mi cabeza bulle una plegaria en boca de Jane. Su sentido ruego, reclamándome con contundencia, me apremia en la carrera y mi pie pisa hasta el fondo el acelerador. El ardor en mis ojos amaina con cada kilómetro recorrido y la noche nos saluda descarada con una luna más fría y plateada que nunca.

El tramo de carretera se vuelve una abrupta pista forestal, estrechándose progresivamente hasta imposibilitarnos definitivamente el avance a 4 ruedas.

-Vamos Mike, ya no estamos lejos-. Siento la energía de Jane vibrar más fuerte en mi cabeza y como una brújula, me guía certera hasta la fortaleza.

Construida en un valle cerrado, escondida por escarpadas montañas, que hacen prácticamente imposible el acceso a cualquier humano de a pie.

Miro a mi escudero y lo cargo a mi espada ágilmente, sin permitirle ocasión a protestar. Sé que odia necesitar mi ayuda y es más aguerrido que muchos chupasangre, pero sigue habiendo límites que no puede superar, así que se deja llevar con una mueca de disgusto en la cara, mientras repto por las rocas con el sigilo del viento, deteniéndome a unos pocos metros de la entrada, resguardados detrás de un saliente en la pared de roca.

Tres pares de ojos brillan con pupilas de fuego en la oscuridad, permanentemente alertas a cualquier sutil movimiento en la brisa. Probablemente nos esperan, pero hay que aprovechar el factor sorpresa.

Mike permanece inmóvil en el sitio con un arma cargada en cada mano, mientras me concentro y levanto una espesa bruma alrededor de los soldados. El tiempo parece detenerse y la escena se desarrolla en unos fugaces segundos.
Con rapidez sobrehumana, acuchillo por la espalda a dos de ellos que desaparecen en un haz de luz. Bloqueo al tercero metiéndome en su cabeza, aturdiéndolo.

-No vale gritar, vampiro- le ordeno despectivo al tiempo que mis dedos le roban grotescamente uno de sus encendidos ojos.

- Lo siento, pero necesito esto- Acto seguido ensarto mi daga en su corazón y se desintegra.

Alzo la ensangrentada llave frente a la sofisticada cerradura y el escáner de retina nos aprueba la entrada.

La adrenalina fluye por mis venas con fiereza y determinación. Voy en busca de la sala de control de seguridad, mientras Mike desactiva las cámaras de la puerta.

En un par de acciones más, la fastuosa guarida se queda sin luz.

-Estamos dentro.-



-Sikeray-

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