lunes, 13 de febrero de 2012

Evan (XI)

- CAPITULO 11 -

EVAN

 
El corazón martillea desgarrador en mi pecho, observando impotente la Ducati  alejarse a velocidad de vértigo del lugar, arrancándome un pedazo de alma con cada con cada una de las embestidas del motor.

-Briana...- nombro con un susurro apenas audible.

Con la furia palpable en cada tensionado músculo de mi cuerpo y la mirada gélida clavada en mi fiel escudero, sentencio un juramento manchado con sangre, la sangre de Jane.

-La mataré Mike, aún sea lo último que haga, acabaré con ella y toda la orden.

Aferro el volante del todoterrerno con la furia enfebrecida de un corredor de rallies, prestos a dar caza a la vampira y su gorila antes que los primeros rayos de luz coloreen el alba y nos priven forzosamente de cualquier expectativa.

Contemplamos con horror, a la malvada vampira emprender el vuelo con la indefensa Jane a cuestas, inconsciente, tan pálida. Como una marioneta, sus brazos oscilan al son del viento sin un ápice de energía.

Percibo el débil palpitar de su pulso e inspiro profundamente apretando las mandíbulas, cuando la visualizo removiéndose perezosa contra mi cuerpo, mordisqueándose el labio seductora mientras sus manos se pasean por la sensitiva piel de mi abdomen. Cuánto la añoro.

Con la férrea determinación de un hombre enamorado persistimos en la delirante carrera contra el amanecer. Volar no figura entre mis habilidades pero acosar vampiros si, y soy muy bueno en eso.

Un rápido movimiento del volante, bloquea el paso del escapista motero, que con un brusco frenazo, derrapa la encarnada motocicleta saliéndose de la carretera.

Entrenado concienzudamente y convertido en un despiadado asesino, presenta batalla agazapándose como un depredador midiendo un ataque, repliega sus labios descubriendo su afilada dentadura y la vibración de su garganta siseando incontrolada, fragmenta el silencio de una noche cargada de violencia. Despreciable pretencioso, insolente atrevimiento que acabará con su maldita existencia.

Un gruñido intimidante surge de mis entrañas y un indicio de duda asoma en su mirada Mi psique tortura la suya enturbiado su perspectiva. Tantea una fuga, ineficaz y lenta.

- La has cagado escoria- le escupo despectivo asestándole un revés que lo postra de rodillas.

Carga con fiereza contra mí y su lengua sisea contra los punzantes colmillos, buscando enfurecido un punto débil en mi garganta.
Siento la adrenalina fluir por mis venas empapando de recuerdos cada fibra de mi ser, subministrándome la fuerza bruta suficiente para someter a un poderoso guerrero de Alastor en poco más de 5 minutos.

La sangre gotea tibia por mis nudillos cuando lo cargamos al maletero y un torbellino de sensaciones me aborda durante el trayecto a la granja. Todo lo que soy, lo bueno y lo malo que anida en mí, clama venganza. Posaron sus depravadas manos en mi única debilidad, y han osado arrebatármela.

Mike, silencioso y sereno, aplaca mis ansias de impulsiva expiación y me concentro en el boscoso paisaje, escudriñando en mi mente el mejor modo de arrancarle información al magullado secuaz.

Lo conduzco sin miramientos hacia el sótano, tétrico testigo de tantos y provechosos interrogatorios. Salpicaduras sanguinolentas manchan paredes y suelo como una macabra pintura de Miró y por unos instantes siento repulsión por el viciado escenario y lo llevado a cabo en él. Jane. Jamás aceptaría el lado oscuro de su enigmático amante. Pero esto es lo que soy, y me dirijo decidido al esposado vampiro con la única compañía de su expectante respiración y el crujido de la madera vieja quejándose baldíamente bajo mis pies.

No resulta sencillo extraerle una confesión, fieles y temerosos de su rey, no conjuga más que jadeos como réplica a mis asaltos, preguntas sin respuesta que acercan mi vacilante paciencia al límite. Como un reloj de arena vaciándose inexorablemente con cada grano perdido, el silencio del terco vampiro acerca a Jane minuto a minuto a un inquietante final.

Tan solo cuando el poderoso regalo del mediodía me otorga su más preciada arma, inaugura su recital. El hedor a carne chamuscada acompaña sus súplicas. Gemidos y gruñidos entremezclados con algunos valiosos secretos. El resplandor acaricia cruelmente su piel y también la mía, mi mirada desafiante lo desconcierta y lo derrota y una falsa promesa de oscuridad lo seduce irremediablemente vomitando una traición. La localización de Briana precede a su último aliento, evaporándose en el aire, al tiempo que su cuerpo desaparece entre mis brazos en una erupción de luz.


-Sikeray-

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