jueves, 17 de marzo de 2011

Un Beso de Despedida


"Todo está oscuro, el frío es intenso y me encuentro limitado en el espacio de mi libertad. Palpando con mis manos, me doy cuenta del pacifico sitio en el que me encuentro. Silencio, paz y tranquilidad invaden este lugar. Pero el silencio se rompe por un lamento que proviene del exterior, mi paz se ve alterada y comienzo a intranquilizarme por saber quien llora mi muerte...

Tras múltiples esfuerzos comienzo a ver una blanca tela que envuelve el pequeño espacio de mi libertad y una gruesa tabla de madera sobre la cual ejerce su presión la blanda arena. Más lejos veo una piedra y sobre de ella las lágrimas de una figura que no reconozco... ¿quién es?

Llora y, entre llantos, gime algunas palabras, pero sólo oigo el llanto y no descifro sus gemidos.

A la vez que se inclina hacia la piedra, un ramo de espinosas rosas cogido por su blanca mano, es depositado en el frío suelo. Ahora calla y queda pensativa ante la piedra...

Por un instante deseo salir de mi pacífico lugar para poder verle la cara. Y es entonces cuando mi alma, viéndose despojada de las ataduras de mi cuerpo, comienza a ascender a través de esa tela blanca, atravesando la gruesa madera y deslizándose por la tierra, consiguiendo llegar así junto a la bella figura que permanece pensativa ante mí.

No sé quien es, por lo que, dudando de que pueda volver a suceder esto y temiendo que ella no vuelva nunca más, decido permanecer en el mismo sitio, observándola, probablemente por última vez.

Tras un largo período de tiempo, ella se acerca sigilosamente hacia mí, para posteriormente besarme. Acto seguido, mi alma forzada por algo inexplicable vuelve a su punto de origen, pero esta vez con una rosa entre sus manos.

La bella figura se levanta y se aleja. Ya sé quien es, porque el reflejo de la blanca luna llena en su siempre limpia guadaña la ha delatado.

Ahora que vuelvo a estar sólo me pregunto por qué me lloraba la muerte..."

- Mazhuka - 

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