viernes, 3 de diciembre de 2010

Vengo de Busan (I came from Busan - Yeong-Do Da-Ri )

Valoración: 4/10


    I came from Busan
    Tostón a la coreana

    Si cada vez que tengo ocasión me prodigo en alabanzas al nuevo cine coreano, ahora ha llegado el momento de tragarme mis propias palabras. En efecto, para un seguidor del hipnótico celuloide del país asiático la última película del realizador Jeon Soo-il (With a Girl of Black Soil) es una decepción inesperada. Más que eso, al terminar la proyección de I came from Busan a uno se le queda semejante cara de tonto que le entran ganas de repasarse la filmografía de Kim Ki-duk de cabo a rabo para desquitarse. Lo cierto es que no estamos acostumbrados a que Corea del Sur exporte fuera de sus fronteras propuestas tan convencionales como esta.

    Con tan solo 18 años In-hwa acaba de tener un bebe y ha decidido desentenderse de él. Ese es el arranque de una película que no avanza un ápice desde su punto de partida hasta el extremo de que su desarrollo está completamente vacío. Del mismo modo que la historia pretende retratar a su protagonista de un modo intimista, nos faltan pistas para llegar a enfatizar con ella y sobreponernos a su indiferencia. Evidentemente, sin darnos a conocer cómo ha acabado viviendo sola en ese pequeño apartamento, de donde sale exactamente el hijo que ha tenido o por qué cambia de opinión respecto a darlo en adopción esto es imposible. Es como si al director solo le interesara capturar un viaje a la deriva en un mundo carente de valores morales.

    Jeon Soo-il desplaza a su protagonista por los puertos de Busan, recorriendo una y otra vez sus astilleros oxidados que reflejan el triste panorama de su vida. Como en toda producción surcoreana que se precie la fotografía -fría y apagada- sigue estando cuidada pero en esta ocasión termina por resultarnos anodina. Apenas hay hallazgos visuales a excepción de esa escena en la que a la amiga de la protagonista le dan una paliza en el karaoke mientras en la otra habitación ella sigue cantando, filmada siempre desde el exterior del edificio en un alargado plano fijo. Es como si la monotonía del film acabara por contagiar también a la cámara. Tampoco los jóvenes actores, liderados por Ha-seon Park, son nada del otro mundo.

    Es bastante común que el cine coreano sea crítico con su sociedad pero en esta ocasión éste elemento no está diluido en el argumento sino que aparece representado de un modo completamente explícito. Mediante numerosos ejemplos se nos va retratando a una juventud egoísta y peligrosa de la que la propia In-hwa forma parte, grupos de adolescentes que pegan palizas a los borrachos antes de arrojarlos al mar y se degradan ejerciendo la prostitución. No es la clase de mundo en el que criar a un bebé, debe de pensar la protagonista aunque nunca llegue a expresarlo con palabras. Solo en esa especie de sociedad idílica europea es capaz de hacer aflorar sus lágrimas, aunque las palabras se le traben en la boca.

    I came from Busan se ha colado inexplicablemente en la Sección Oficial del prestigioso Festival de Cine de San Sebastián con desastrosos resultados. Seguramente lo que mejor refleje lo hueca que está esta historia de seres perdidos en un limbo existencial es que no llega a hora y media de duración y sin embargo se hace eterna. Entendemos que se trata de una producción independiente realizada con pocos fondos pero eso no es excusa suficiente para justificar sus carencias narrativas. Por lo menos algo positivo se puede sacar de ella y es que nos descubre que Corea del Sur también es capaz de producir dramas mediocres y vacíos de contenido. En cierto modo la película de Jeon Soo-il falla justo donde sus compatriotas no suelen hacerlo. A los incondicionales de su cinematografía nos servirá para ponernos en guardia en futuras ocasiones.
Keichi

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