miércoles, 24 de noviembre de 2010

Flor del Desierto (Desert Flower)

Valoración: 6/10

    Las modelos también lloran

    En los últimos años asistimos a un uso y abuso del género del biopic, una temática que ha alcanzado cotas de calidad indiscutibles gracias a películas como “Milk”, “La vie en rose” o el díptico de Steven Soderbergh sobre la vida del Ché Guevara. Pocas son las figuras, más o menos conocidas, que escapan a esta moda: políticos, artistas, científicos, personajes históricos, asesinos en serie o -como en el caso que ahora nos ocupa- supermodelos. En efecto, Desert Flower cuenta la vida y obra de Waris Dirie, una mujer que ha dividido su tiempo entre las pasarelas y la denuncia de la mutilación genital femenina.

    Tomando como base la autobiografía y bestseller homónimo de la propia Dirie, la directora Sherry Horman nos traslada sin previo aviso desde los espectaculares desiertos de Somalia hasta el Reino Unido. Waris sobrevive mendigando en las calles de Londres hasta que es rescatada por la excéntrica Marylin. Su suerte no termina ahí, porque pronto es descubierta por un fotógrafo de éxito que la lanza al estrellato de las pasarelas de moda. Pero Waris conserva en su memoria y su cuerpo el trauma que tuvo que pasar en su más tierna infancia cuando fue sometida al monstruoso ritual de la ablación, un pasado al que no tiene más remedio que enfrentarse para seguir adelante.

    Existen muchas tácticas para abordar una historia tan dolorosa como ésta, pero el guión decide hacerlo del modo más convencional posible. No solo opta por utilizar una estética irrealmente luminosa para que el film se vea sin demasiadas preocupaciones, sino que además sigue los tópicos de biopic con una rigidez pasmosa. No faltan los flashbacks ni la habitual sentencia final para cerrar la película. Ciertamente, Desert Flower no desentonaría en absoluto en la programación de un domingo por la tarde de Antena 3. La película aborda su alegato feminista sobre la condición sexual de la mujer con algunas pinceladas cómicas pero el mensaje se va difuminando poco a poco sobre una historia a la que se le podría haber sacado mucho más jugo.

    El protagonismo absoluto del film recae en la espectacular modelo etíope Liya Kebede pero son los secundarios los que aportan el talento interpretativo. Desert Flower reúne a un buen elenco de intérpretes británicos más propios de la comedia que del drama entre los que destacan una fantástica Sally Hawkins, Timothy “Colagusano” Spall, Craig Parkinson y Juliet Stevenson. Es una lástima que al guión no le interese explotarlos y prefiera centrarse en una historia de amor inexistente en detrimento del resto de personajes, especialmente el de Hawkins.

    El espectador quiere saber más acerca de la huida de Waris, sus años cautiva en la embajada de Somalia o el destino de su familia, pero el film prefiere mostrarnos una sesión de fotos tras otra. Evidentemente, resulta casi imposible retratar la vida de una modelo sin recurrir a una estética de pasarela y no faltan el maquillaje, los desfiles y la frivolidad estereotipada del mundo de la alta costura pero uno se pregunta si era estrictamente necesario rodar todas esas partes de la historia como si de un anuncio de televisión se tratara. Mejor quedarse con el breve internamiento en la vida urbana londinense propio de Mike Leight, los planos elevados sobre la tierra cuarteada del desierto o la bonita BSO de Martin Todsharow.

    Aunque no se le pueda achacar ningún defecto formal concreto, las virtudes cinematográficas de esta producción a medio camino entre Alemania y Reino Unido son innegablemente escasas. Más allá de su vertiente social y concienciadora, resulta inconcebible que esta versión moderna de Cenicienta haya sido proyectada en los festivales de Venecia y San Sebastián. Sin matices, sin excesos, sin asumir riesgos más allá de esa escena postrera en la que la sangre cubre la roca, Desert Flower es una película facilona, entretenida, desubicada temporalmente y en extremo complaciente con el espectador. Al film de Sherry Horman le faltan unas grandes dosis de ambición. ¿Para cuando un biopic sobre la vida de Naomi Campbell o Kate Moss? Tiempo al tiempo.
Keichi

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