miércoles, 3 de noviembre de 2010

Blessed

Valoración 6/10

Buceando en Internet en busca de información para contextualizar esta crítica, uno descubre que la directora australiana Anna Kokkinos no es una figura demasiado reconocida fuera de su país pero si que ha sabido granjearse una cierta fama dentro del género del drama gracias a películas como The book of revelation o Head On. Su nuevo trabajo contaba con un buen material de base en la multipremiada obra de teatro Who's afraid of the working class?, una pieza compuesta por diversas historias a cargo de diferentes autores que esta película reúne en una sola. Así, Blessed desmenuza la vida de una serie de personas a lo largo de 24 horas.

Siguiendo la éstela de otras obras mayores como Magnolia o Amores Perros, Blessed nos presenta una serie de vidas interconectadas por la figura de la madre y el hijo. Evidentemente, si el guión juega con diversos argumentos es casi imposible aburrir al espectador, pero si encima la información se presenta en dos partes separadas que se explican mutuamente ya tenemos la formula perfecta para mantener nuestro interés durante las casi dos horas de duración. Dicho de otro modo, esta es una de esas películas en las que lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Aún admitiendo el truco, no hay que desmerecer el modo en que está construido el guión.

Evidentemente, una película coral como esta no funciona sin un reparto convincente. Por fortuna no es el caso, porque aunque no todos los actores están al mismo nivel si que hay suficiente calidad como para que los fragmentos funcionen como un único relato cohesionado. Se nota la profesionalidad de los más veteranos como Deborah Lee-Furness, Miranda Otto (por si alguien lo dudaba, hay vida más allá de El señor de los anillos) y sobre todo la espectacular y algo excesiva Frances O'Connor, que se desquita con la audiencia aullando como una posesa frente al cadáver calcinado de sus hijos que la cámara necesariamente nos ahorra.

Las historias no tienen desperdicio: Tenemos a un niño acusado de robarle dinero a su madre convertido de golpe y porrazo en homicida involuntario, una pareja de colegialas que se pasan el día bebiendo alcohol y robando en centros comerciales, dos hermanos vagabundeando por las calles y otro que vende su cuerpo a un pornógrafo. Lejos de querer retratar la rebeldía propia de la adolescencia, el film de Anna Kokkinos indaga en las repercusiones que tienen los problemas de los adultos -económicos, sentimentales o incluso mentales- en los más jóvenes. Con todo, tanta desgracia puede llegar a resultar cargante. Algo debe de ir francamente mal en Australia para concentrar tantos dramas en un espacio aparentemente tan pequeño.

A pesar de que el pretendido realismo del film no termina de funcionar del todo, poco se le puede reprochar a la película desde el punto de vista técnico. Blessed está pulcramente rodada, con una fotografía precisa que capta a la perfección la decrepitud de los paisajes urbanos de Melbourne, cada vez más sumidos en la oscuridad de la noche que sigue al crepúsculo. La directora sabe hacer un buen uso del montaje, introduciendo una única -pero efectiva- pieza musical del compositor Cezary Skubiszewski en esos momentos en los que el sol se pone y da comienzo la otra versión de los hechos.


Emitiendo un veredicto final, Blessed es un trabajo que necesariamente choca y emociona pero que pensado con la suficiente frialdad no deja de ser una película meramente aceptable. El mosaico de Anna Kokkinos sobre familias disfuncionales funciona más por su estructura que por la artificialidad de su drama. En la historia de Blessed no hay ni un solo atisbo de inocencia en la infancia, si acaso un pequeño rayo de esperanza en el nuevo amanecer de unos destinos condenados a perderlo todo con el paso del tiempo. Dicho de otro modo, la película no termina de demostrarnos que los hijos sean una bendición para sus padres pero si que deja bien claro que no se puede decir lo mismo a la inversa.

Keichi

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